Imagen: Enrique Medrano

jueves, 21 de julio de 2011

APETITOS URBANOS


Lo primero que Gustavo hizo al nacer fue vaciarle los senos a su madre hasta dejárselos como dos globos sin aire, estableciendo de ahora en adelante que la medida de su tiempo se basaría en la magnitud de su hambre, por lo que fue creciendo así, impulsado por su apetito e impulsando su cuerpo en todas direcciones, en olas de grasa cada vez más grandes, con lo que en cuestión de poco tiempo ya no pudo levantarse de la cama. Su masa desproporcionada se volvió una ancla, y a la vez lo volvió consciente de su estado, pero esto no fue suficiente, Gustavo siguió creciendo, desbordándose, como una explosión de carne aguada y flácida, llegando al extremo de que ya no podía salir de su habitación y que varias semanas después, su familia tuvo que salir de la casa, espantados por el cuerpo de Gustavo que lo invadía todo, sin hacer la salvedad ni el ejercicio imaginativo de visualizar el futuro de Gustavo, cuyos brazos y piernas pronto comenzaron a salirse por las puertas y ventanas. Pronto, toda la casa le quedó como vestidito de bebé al que todos los habitantes del pueblo quisieron ver; experimentar el Gustavo Experience, decían algunos, señalándolo burlonamente sin pensar que el pobre Gustavo se sentía humillado por todos y por todos lados; sobre todo por los muchos tours que los del pueblo y los turistas hacían alrededor suyo, guiados por sus hermanos y otros vividores. En pocos días llegaron empresarios de la industria del entretenimiento que en cuestión de meses desarrollaron un complejo turístico al que todos llamarían Gustapolis, la ciudad de Gustavo, como también se le decía, en honor a Gustavo, quien luego de doscientos mil visitantes, decidió comer como nunca había comido, aumentando así su tamaño a dimensiones nunca antes imaginadas, invadiendo pronto, calles, edificios parques, y expulsando a todos de una vez por todas de la ciudad. Cuando vio a los últimos correr despavoridos ante la caída constante de sus olas de grasa, Gustavo declaró “soy el primer hombre ciudad del mundo” y sonrió buscando ya que comer entre sus ruinas.

MARIA DEL CARMEN SANTOS



María del Carmen Santos fue una mujer que pasó la vida teniendo hijos sin parar, a tal punto que todavía cuando vieja seguía teniendo la misma capacidad sobrehumana de seguir pariendo, a pesar de que su marido ya había muerto hacía tiempo, y ningún hombre había cruzado las fronteras del luto que ella misma había amurallado con hijos y más hijos de orígenes inexplicables, tanto para ella como para sus demás hijos. Nunca dejaba libres de asombro a los doctores que se maravillaban sin descanso de ese prodigio de verla parir una y otra vez en cualquier circunstancia, en cualquier época del año, ya fuese en alguno de los hospitales alrededor de toda Europa o América donde pasó por millares de exámenes, o en el sanatorio donde fue a seguir pariendo durante varios años más, de los cuales los primeros cinco gozó de privilegios que otros enfermos no tenían, dejándola salir de los muros del hospital durante algunas horas del día, en las inmediaciones del pequeño pueblo de montaña donde María solía caminar hasta que comenzaba a nombrar a todos los que veía, hijos de ella, porque ya había parido a tantos seres humanos en su vida que la memoria le fallaba y andaba por todas partes creyendo que todos era hijos suyos, tuviesen la edad y la raza que tuviesen, y no era hasta que los enfermeros se la llevaban de regreso, que ella no paraba de abrazar a todos los extraños que se encontraba por delante y durante todo el camino hasta el hospital, en donde María del Carmen Santos encontraba aún más de sus hijos, tan enfermos como ella.

El ASTRONAUTA



Pepe Montalván nunca paró de crecer y llegó a ser tan grande que cuando menos lo pensó ya se había quedado sin espacio para dormir en el planeta tierra, por lo que al paso de un tiempo, murió asfixiado por la infinitud del espacio exterior.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Página del Cortometraje Memoria de la Lluvia

Mira el blog de Memoria de la lluvia!
www.memoriadelalluvia.blogspot.com

Y bueno, de paso posteo un par de poemas!


LA FIEBRE DEL DESIERTO

han pasado los días

con el peso de siglos

y sus horas

sus miles de horas

han traído algo tuyo

hasta mi boca

ha crecido una sed

muy parecida

a la fiebre de un desierto

o a tener fiebre en un desierto

aun no lo decido

Diciembre 4 del 2010


QUERIDO LEONARD

Leonard,

entre tus palabras guardas gorriones.

Colapsan en un infinito charco de tinta.

Leonard,

tu palabras son los huesos que sostienen

mi aliento sobre mis palabras.


“AGITANDOSE”

“Agitándose”.

Creo que es la primera vez que uso esta palabra.

“Agitándose el tiempo”.

Siempre recurro al “Tiempo” igual que el cuerpo cansado

recurre a la cama y cae rendido sobre las sabanas.

“Agitarse me despierta de mi sueño de tinta

y hace amanecer mis palabras. Las agita todas,

como la cuchara plateada agita el café más dulce y tibio.

Crece en mi garganta una sensación de calor,

que lo despierta, todo, una cierta cafeína del espíritu.

Cafeína en el tiempo.